viernes, mayo 17, 2013

Hoy no me quedo resignada
Ni vacilante
Ni trémula
Esta es la despedida de la desdicha
Y la arenga del “yo soy”
Yo soy toda furia/furtiva/insoluta

Soy el grito que se esconde tras las palabras
Yo poseo
Soy hembra
La hacedora

Hoy no me quedo callada
el mutis es para los ciegos
Yo nací emancipada

viernes, mayo 03, 2013

sobre la noche


Corría por las calles, en medio del frío invierno, maldiciendo su destino y la poca vida que le quedaba,  de pronto se detuvo en seco y de sus ropas saco la pesada espada de caballero templario que había heredado de sus ancestros, estaba cansada de huir, estaba cansada de sentirse victima, solo quería vivir tranquila, pero nada de lo que hacia llegaba a un buen termino, ellos siempre vienen, y ella siempre huía,  pero esta noche no se las dejaría fácil,  al menos moriría luchando.

las sombras se extendía en el callejón precediendo la llegada de "los mestizos",  seres monstruoso que solo pueden salir de noche, el frió de la noche provocaba que sus alientos provocan un intenso vapor, ella sostenía en alta esperando el primer ataque, fue entonces que una de las garras se lanzo hacia su cuello y con gran velocidad termino la extremidad a los pies de Beleth, la sangre negra y espesa ensuciaba la nieve, dos demonios se lanzaron entonces sobre ella,  con mucho esfuerzo giro sobre si misma partiendo en dos a los demonios, sin embargo no había contado con que eran demasiados y que su cuerpo comenzaba a temblar por el agotamiento, con apenas seis cadáveres a sus pies, sus piernas perdieron la fuerza y callo agotada de rodillas, miro el cielo por ultima vez y levanto la espada apuntando hacia su estomago, no dejara nunca mas que un demonio la someta. 

- no deberías llegar a esos extremos._dijo mirándola de reojo.

Levanto la vista  y vio un hombre de cabellos largos cubierto con una gabardina negra que empuñaba una katana y  a su lado dos muchachos de similar vestir.

- estos hoy andan hambrientos.- comento un muchacho de cabello rojo.
- no los mates a todos, déjame algunos.-le contesto el otro de cabello negro y corto.

El pelirrojo llevaba una cimitarra, y el que parecía ser el líder blandía una hermosa katana , el otro muchacho lleva consigo y dos Glaibes europeas en cada mano, sin esperar  el ataque de los demonios  se abalanzaron contra los criaturas, atacando a destajos sin permitirles retroceder, mientras los cazadores luchaban, Beleth se rindió ante  el cansancio y el frío, dejándose llevar la oscuridad del sueño

siempre sus sueños  habían estado llenos de sangre, la oscuridad como una misteriosa sombra la llamaba constantemente y aunque toda su alma deseaba hundirse en la negrura del caos, había algo en su interior se negaba aun a ceder.

Abrió sus ojos atraída por calor  del sol, sorprendida miro a su alrededor y sentado en una esquina dormitando se hallaba el hombre de la katana, la habitación estaba revestida de madera con un par de sillas a los lados de la cama, una gran ventana donde el sol se asomaba, y una  puerta frente a ella, suspiro resignada y trato de levantarse, el hombre de la katana se había levantado y la miraba fijamente.
- has dormido por casi tres semanas, con altas fiebres.- dijo tocándole la frente .- beleth se estremeció al tacto._ no deberías temerme, yo solo mato demonios.

Se separo de la muchacha tomo su katana que había dejado apoyada en la silla y se dirijio hacia la puerta, con la misma seriedad con que hablo, le dijo.

- por cierto me llamo Saito.


La puerta se cerro tras el, y Beleth espero hasta que las pisadas dejaran de escucharse, reunió toda las fuerza que le quedaba, se levanto, noto que llevaba puesto un camisón y aunque busco por toda la habitación su ropa solo encontró su espada, sin pensarlo  la tomo y se dirigió hacia la puerta, sin embargo en el pasillo, apoyado en la pared se hallaba el muchacho de cabello rojo:

- ya te vas?, "ni un gracias", vaya las mujeres de hoy en día son muy groseras.-dijo el muchacho mientras se rascaba la cabeza.
- debieron dejarme morir.-dijo seriamente. 
- por que?.
- no saben en lo que se meten, ellos vendrán por mi.
- mejor somos cazadores matamos demonios, aunque algunos digan que es un trabajo, para mi es diversión._dijo el muchacho de cabellos rojos.
- además si vienen aquí, nos ahorramos el tiempo que perdemos en buscarlos.-dijo el muchacho de las Glaibes, que había aparecido en el corredor.
- por cierto los demonios gustan de la sangre, pero nunca los habíamos visto en manadas.-dijo el muchacho de cabellos rojos.
Beleth sonrió con malicia._  es por que, yo también soy un demonio._dijo mientras sostenía su espada.
Ambos muchachos se miraron divertidos, empuñaros sus armas y rodearon a Beleth, entonces Saito apareció en el pasillo con su rostro serio.
- sangre pura.- 
- los muchachos se miraron sorprendidos.
- por cierto el de cabello rojo se llama Sael y de las cuchillas Baltazar
- cuchillas!!?._comento irritado Baltasar.

- no deberías entrega información al súcubo._ ordeno Sael.
Saito suspiro profundamente y golpeo con gran fuerza la pared, los dos cazadores se quedaron en silencio y  escondieron sus armas.
- tenemos una reunión con los demás, allí nos contaras por que los mestizos te seguían._  dijo saito mientras desaparecía por el pasillo.
- tus ropas estaban demasiado deterioradas  así que tendrás que vestirte con nuestras prendas._ dijo Baltazar._espérame en la habitación. 

El destino




La tormenta había llegado como vestigio de la gran hecatombe que yacía en el valle de los antiguos, de extremo a extremo  se extendían la capa infinita de cadáveres, entre la sangre  y las armaduras no se distinguía  entre amigos y enemigos.
Sael llevaba en sus espaldas a Bel, el peso de sus armaduras hacia que el esfuerzo fuera mucho mas terrible, la batalla a penas había terminado, el mundo se hacia espantosamente silencioso, pero sael  intentaba con porfía dejarse vencer por el manto negro de la parca , bel le había dicho que la llevara al bosque, pero el viaje se hacia cada vez mas lento ya que el guerrero debía soportar el cansancio de la batalla y el peso de su compañera,  de pronto tropezó con un cadáver y ambos se precipitaron hacia el lodo.
-         Es inútil sael…déjame aquí.
-         Me dijiste que te llevara con los ancianos…y eso voy hacer.
Sael la agarro del brazo y la llevo hacia un monto de arboles que se alzaban solitarios hacia el oeste, al menos las copas los cubrirían de la lluvia, agotado hasta del alma se apoyo en uno de los arboles y en un sueño obligado se abandono.


Se miraba la mano derecha una y otra vez, como si algún recuerdo lejano pudiera surgir de la nada, el colegio estaba a punto de terminar el verano recién  había comenzado y los días se estaba haciendo largos y perezosos , el recreo había comenzado, pero no tenia ganas de salir, se apoyo en la escalera del segundo piso, lo que le daba ventaja de poder mirar hacia la calle y de pronto se fijo en un muchacho que la miraba con intensidad, en ese instante no pudo definir que sensación le producía, pero había en esa mirada algo familiar, de pronto el viento comenzó agitarse levantando polvo y hojas y aquel hombre que la miraba ya había desaparecido.

La lluvia había golpeado con fuerza el valle haciendo correr la sangre y el lodo, de lejos se escuchaba el tintinear metálico de las gotas al caer sobre las armaduras.
-debo sacarte la armadura, es un peso innecesario y además debo saber de tus heridas. Dijo sael.
De apoco desabrocho una a una las correas que mantenía  la coraza de bronce que cubría su pecho, una vez sacado bel sintió realmente un alivio al verse liberada del peso.
-        - Aun tienes restos de la punta de la lanza que te atravesó el costado, por suerte no paso a llevar ningún órgano vital.
-       -   Ahora eres medico, guerrero. dijo bel cansada.
-         Parece que la tormenta continuara debemos hacer fuego o si no el frío nos matara.


Hoy decidió irse a pie algo el viento había levantado un pequeño remolino y el día prácticamente se convirtió en un día de otoño, por alguna extraña razón, caminaba en dirección contraria a su hogar, pero no la sorprendía de alguna forma sabia que pronto llegaría a un destino que cambiaría su vida, lo había sentido esa mañana al mirar su mano y al ver como el viento se agitaba violentamente, llego sin darse cuenta a una plaza de grandes arboles y en medio el hombre que la había estado mirando en el colegio, no aparentaba mas de 35 años y llevaba una chaqueta corta y  gris.
Estiro su mano en dirección de ella, esperando que la muchacha se le acercara, ella sin dudarlo tomo su mano, fue todo a su alrededor comenzó a distorsionarse, montones de imágenes  bombardearon su mente, sentimientos de ira, dolor y muerte, todas las vidas repetidas a lo largo de los siglos, cansada por el peso cayo en la oscuridad.



La tormenta había menguado convirtiendo la tierra en lodo pegajoso y pesado, Sael había abandonado armaduras y armas, para aligerar el peso y con partes de su camisa de lino vendo las heridas de Bel, sael se había apeado a un carromato, pero sin caballos que lo llevaran solo era una estructura inútil.
-         Me acuerdo la primera vez que te vi.-dijo sael_con nostalgia.
-         Imposible…que puedas… olvidarlo._ contesto
-         Era en el patio de entrenamiento verdad?._comento sael.
-        -  Si…el gran castillo del cuervo…estaba lista…sabes?, realmente pensé que moriría en la mazmorra._dijo Bel.
-         -  Si no fuera por el senescal que sabía que eras mujer, pero te escondió y te hizo vestir de hombre._dijo sael.
-        -  Ese …hombre…no …lo hizo por ser noble….dijo bel
-        - El bosque de los ancianos…por que quieres ir allí.-dijo sael cansado.
-        - Cuando una Weichafe …cumple su destino ….debe llegar al bosque