jueves, agosto 16, 2007

Exodo 2

"...A veces siento la oscuridad dentro de mí, latente, como una fuerza que desea apoderarse de mí, y aunque batallo encontra, me encanta mi oscuridad, me hace más fuerte..."


El sonido de la lluvia al chocar contra la armadura de Beleth, producía un triste compaz...la neblina comenzaba asomarse y lo único que podía escuchar era su propia respiración, lenta y profunda, el dolor habia desaparecido, el cansancio también, mas aun se sentía ligera, de alguna forma sabia que hiba a morir, aquellas flechas la habían desangrado, dejo su espada en el suelo y se dispuso a caminar, buscando....


Nicolás estaba parado encima de una gran roca, que le permitía ver todo el campo a sus pies, su rostro demacrado por la angustia escondía sus tiernos años, tenia miedo, después de haber matado y saboreado la sangre de sus enemigos, el peor miedo posible era de que Beleth muriera, se culpaba de haberse distraído matando a destajo, se alejo de su compañera y ahora que en el campo solo yacían cadáveres. la culpa lo atormentaba, sin embargo una vez que la lluvia comenzó, y la niebla comenzó a viajar pudo verla, oscura, casi etérea, corrio a su lado y apenas logro alcanzarla con sus manos, Beleth cayo, estaba muy mal herida, su rostro palidecía a cada instante, sentía que su esencia se desvanecía entre sus manos, la asio hacia su pecho pero no habia nada que hacer, ella se habia entragado al sueño eterno.


martes, agosto 07, 2007

Umbral

Umbral



El dialogo se desarrolla después de la gran
Batalla, Gabrielle apenas ha sobrevivido.






E

scucho!

O espíritus lastimeros

Sus gritos reconocí

Ay! Ay! Ósculo el azote

Malditos sois los reyes, maldita codicia

Que corrompe sus entrañas

Y obligáis a los pobres a luchar

Heme aquí agonizante…

Escuchadme dioses!

Escuchad los amargos lamentos

No pretendo hora suprema, solo anhelo expiación

Que ningún lecho cobije al que tras hecatombe

Duerma sin aprensión.

Ay! Ay! Aquellos que sus espíritus no pueden descansar…

Aun escuchos sus lúgubres voces…

viernes, agosto 03, 2007

Exodo

Hoy quise escribir como un diario de vida, tal vez por la influencia de mis compañeros al leer sus blogs....pero no puedo...tengo la necesidad de escribir una historia y quien sea capaz de entre ver mi vida atravez de mis cuentos ha comprendido mi mensaje....


Mi soledad es mi voz sin rumbo que clama inconsciente desde el silencio de mi conciencia

Despertó cansada; el sol comenzaba a colarse por sus cortinas, aun así no se levantaba, detestaba el amanecer…continuo durmiendo hasta que ya no hubo luz…recién entonces tuvo las fuerzas suficientes para levantarse, fue directo a su cocina tenia tanta hambre, pero al abrir la nevera lo que vio le causo nausea: la leche, las verduras…todo le era asqueroso, decidió vestirse e ir a un supermercado nocturno, sin embargo a penas abrió la puerta de su departamento un hombre de aspecto cadavérico, con el cabello largo y desaliñado, le esperaba, asustada le cerro la puerta en cara, pero al voltearse él estaba sentado en el sillón:

- me sorprende que no me recuerdes…pero a estas alturas ya debes sospecharlo._dijo el hombre.

- ¿Qué ?, ¿Cómo ha podido entrar…?

- Es fácil una vez que te acostumbras…._interrumpió el hombre

- ¿acostumbrarme…a que?._pregunto extrañada.

- Hoy no te levantaste, como si tuvieras mucho sueño…_dijo el extraño.

- ¿Qué quiere de mi?._volvió a preguntar.

- OH! al verte anoche, no pude evitarlo, si supieras todo el dolor que he llevado por siglos y al verte tan humana…he profanado tu propia vida…

- ¿estas loco?...si no sales llamare a la policía!!!._grito.

Ella corrio hacia la mesita del pasillo donde estaba el teléfono pero rápidamente el hombre la atrapo entre sus brazos, su boca yacia muy cerca de su cuello:

- déjame mostrarte, lo que tanto he sufrido._dijo

Un intenso dolor recorrió su cuerpo y poco a poco fue cayendo en un profundo sueño.

El cielo nocturno había sido iluminado por millares de flechas ardientes, que caían cual cascada de agua, los guerreros luchaban cuerpo a cuerpo y la sangre cubría casi todo el campo, Gabrielle estaba parada en medio observando la basta destrucción como una caótica sinfonía, era un día martes y las legiones romanas habían acabado con la mayoría de los celtas de la región, ya que los últimos celtas de la resistencia se había levantado contra Roma y ahora eran masacrados, todo lo veía en cámara lenta ya no sentía dolor alguno, las flechas que le habían atravesado su pecho.