lunes, febrero 16, 2015

El Dios del Mar


Esperaba que fuera como en las películas de esas tipos Road movie, donde
llegaba a misteriosos parajes donde conocería el verdadero amor, tenía la esperanza de vivir un encuentro de
ensueño que justificara la forma abrupta con lo que dejo atrás su “ordinaria”
vida; tenía bencina suficiente para llegar a la costa, el motor había sido revisado
varias veces y la única tecnología que llevaba consigo era un celular que mantenía
apagado, con la música a su máximo volumen,
doblaba y giraba por carreteras desconocidas, sin saber cuál sería su destino, el reloj marcaba las 12, cuando realmente se
dio cuenta que no tenía idea por donde andaba metida, encendió el celular con la
esperanza que el google maps le mostrara su ubicación, pero coincidentemente la
señal del wifi se encontraba sin conexión con el servidor, no tenía miedo, pero
el hecho de tener que pasar la noche en el auto y en un lugar donde no existía vida
humana, le presagiaba a final de película de terror, continuo un par de kilómetros
más, atraída por una luces lejanas y como si hubiera bajado a otra dimensión se
encontró con un pueblo costero, se maravilló con las luces multicolores que
aumentaban en tamaño a medida que se aceraba, y las antorchas con fuego azulino
instaladas a cada lado de la calle, la gente andaba por las calles celebrando
alguna festividad, estaciono el vehículo cerca de la plaza central decidida a
participar, fue atraída por el rico aroma de pescado frito y música folclórica que se asemejaba a la fiesta de la tirana,
mujeres de todas las edades danzaban al son vestidas de blancos, y en medio estas
lo más extraño de todo monjes entonando un cantico.
En la plaza central en ambos
costados había puestos artesanales que ofrecían distintas artesanías y comidas,
probo todo lo que su estómago podía aguantar y hasta fue invitada a danzar
junto a las bailarinas, por primera vez podía decir que se sentía libre,
inmensamente feliz y ¿por qué no?, hasta infantil, la festividad parecía no tener fin,
intento preguntar cómo se llamaba el lugar pero todos estaban demasiado
borrachos para contestar, entonces la música se detuvo, al igual que el baile y
las conversaciones, un monje comenzó a golpear un pequeño tambor a un ritmo de
cuatro tiempos, entonces relámpagos sacudieron el cielo y todas las personas a
su alrededor comenzaron a caminar en dirección a la costa, para no “desentonar”
con el lugar, decidió caminar con ellos, y una vez agrupados frente al mar,
pequeñas luces fosforescentes comenzaron a surgir de la oscuridad marina, eran
criaturas marinas envueltas en esferas luminiscentes que flotaban en dirección al
pueblo, aquel espectáculo era aplaudido por los lugareños y repentina
incansablemente que habían sido bendecidos por el dios del mar, entonces uno de
esos animalitos la envolvió con su luz, comenzó a sentir miedo y sin que
pudiera hacer algo fue arrastrada a las profundidad del mar, mientras la gente
gritaba, “El dios ha elegido esposa”.

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