lunes, octubre 13, 2014

Sin fin


El sonido de la lluvia al chocar contra el metal producía un triste compás, una tenue melodía que solo puede acompañar al silencio desolador que queda tras una larga batalla, los cuervos y otras alimañas se estaban procurando un gran festín con los cadáveres, pero lo único que podía escuchar era su propia respiración, lenta y pausada, el dolor le palpitaba las entrañas, el cansancio estaba provocando que sus piernas no resistiera el peso de su cuerpo y aunque sabía que en cualquier momento colapsaría se negaba a detenerse, con el apoyo de su espada se obligó a si misma a seguir caminando.
Los devoradores de almas comenzaron a surgir desde las sombras, la putrefacción de la carne los había convocado, jamás se presentaban ante los vivos, por eso sus sombras la rodeaban
esperando su caída, pero su misión no había terminado, no hasta matar con sus
propias manos al caballero verde, que había desencadenado todas sus desventuras, aquel que había arrasado su hogar, su pueblo, su gente, entonces ocurrió algo totalmente inesperado, los devoradores de alma empezaron a cercarla, aquellas criaturas actuaban bajo la regla de los caídos, pero esta vez su sed había aumentado y se hacían presente mostrando su horrible forma carroñera, la atacaron en grupo bebiendo su energía vital, sintió entonces el desplome de
quienes son arrastrados a la oscuridad se aferró con todas sus fuerzas a la poca vida y entonces la hechicera apareció, invoco la “albor de Inanna” y las criaturas se desintegraron en un haz de luz, la hechicera entonces enterró su báculo en el campo de batalla, alejando a toda criatura a kilómetros, una vez hecho el campo protector, camino raudamente hacia la guerrera la tomo entre sus brazos e invoco “la sanación de Gula”, la guerrera sintió como una energía cálida la envolvía , su cuerpo fue restaurado  al instante, la magia también restituyo su armadura y la pesada Claymore, mágicamente el sol despunto como un día de primavera, sin esperar alguna frase la guerrera la hechicera se acercó suavemente y beso sus labios con ansias dejando que su
lengua le traspasara el dulzor de un primer beso, la guerrera se apartó sorprendida y con un movimiento ágil tomo su Claymore y le apunto, pero la hechicera ni se movió, ni reacciono ella simplemente le sonrió: “ahora eres mía, hicimos un pacto”.
Instintivamente la guerrera toco sus labios, comprendiendo que el beso fue el sello de aquel pacto a la que estaba atada, bajo su Claymore y se arrodillo frente a la hechicera, esperando que diera su primera orden, la hechicera le indico que la siguiera a su nuevo hogar.
Y entonces todas las sombras se
alzaron
Y Atacaron
La hechicera recito los encantamientos
y la guerrera alzo su espada, la batalla nuevamente comenzaba

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