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La maldicion




Había despertado en medio de un bosque rodeada de grandes árboles,  tan altos que impedían ver el cielo y a su lado una fogata a punto de extinguirse, se levanto lentamente tratando de poner sus recuerdos en orden, fue entonces que un anciano, apareció ante ella, vestía con piel de animal y acompañaba su caminar con un báculo de madera, su rostro estaba marcado con extraños dibujos y una barba gris colgaba de su delgado rostro:
— Pensé que estabas muerta — dijo el anciano.
— de que estáis hablando?, ¿Quién diablos eres? — pregunto.
— Así…que no ha funcionado — dijo, el anciano saco de un bolsito de cuero unas piedras con inscripciones, sin embargo no pudo completar la tarea, un grupo de mercenarios, se había internado y los estaban rastreando.
— sígueme!.—le dijo el anciano que ya se internaba en la espesura.
Le siguió, mientras los ruidos metálicos empezaban a sonar lejanos, mientras el anciano con increíble rapidez se adentraba más y más en el bosque la oscuridad era completa, sintió haber caminado por días, hasta que un inmenso lago detrás de unos arbustos se alzó ante ella, el anciano yacía sentado en la orilla con dos antorchas:
    Te han robado tus recuerdos, tu pasado, tu nombre…eres nada
    ¿pero, por qué?
    Es una maldición, habéis estado a punto de matar al necromanter y en el último momento lanzo el hechizo de la nada: tu cuerpo comenzara a convertirse en piedra.
    ¿y qué debo hacer?, no quiero morir así!!!
    Deberás robar un nombre para poder seguir existiendo, pero al robarlo tu maldición pasara  al que le habéis quitado el nombre.
    Imposible!!, no podría cargar con esa culpa.
El anciano desapareció, sin que pudiera darse cuenta justo al tiempo que los mercenarios la rodeaban, con espada en mano la atacaron rápidamente, apenas pudo esquivarlos, solo tenía la antorcha como arma:
    Nos había dicho que tú eras el demonio verde, el que asesino a miles?…— dijo uno de los mercenarios.
    Pero, si solo es una mujer— interrumpió otro.
¿Demonio?, cada vez estaba más confusa, estaba a punto de soltar lágrimas, cuando fue golpeada en el estómago por uno de los mercenarios, el dolor trastorno todos sus sentidos y cayó al suelo rápidamente. “Es así?, es así, como moriré?”, se preguntó internamente, de pronto  un gran destello ilumino el lugar y los mercenarios cayeron al suelo aturdidos, el anciano apareció entonces y le acerco una espada.
    Matar a cualquiera, pero rápido.
Se levantó rápidamente y con los ojos cerrados enterró su espada al primer mercenario que vio, fue entonces que el viejo exclamo:
—Tu nombre es Seleb!!!, a partir de ahora tienes un año de vida, para seguir viviendo deberás tener otro nombre si quieres más años.
Seleb cayó al suelo con la espada ensangrentada, llorando incontrolable mente.
    Saborea lo que es vivir!!!, cada vez que tomes un nombre, sentirás como la vida del pobre diablo te llena el vacío que la maldición te dejo, ¿no es divertido mi juego?.

El anciano entonces desapareció dejándola en la oscuridad de la noche, Seleb se levantó, limpio sus lagrimas y juro que lo mataría.

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