domingo, abril 13, 2014

Las 12 puertas


CAPITULO 1: EL ORIGEN

Cuando niña era asaltada por sueños de un pasado antiguo, donde la noche como un manto negro se tragaba toda luz y de un momento a otro, infinitas luces inundaban ese mar y atravesaban mi cuerpo, pero al crecer, aquellos sueños desaparecieron…

Decían que una tía lejana había muerto dejándome a mí, a la más desconocida de sus sobrinas una enorme casa, tal vez por curiosidad o influencias venidas de mis parientes fui a ver la morada, ubicada en cajón del Maipo, al llegar un extraño sentimiento me invadió: la estancia se erguía lúgubre y solitaria en medio de la nada, un aire de nostalgia y antiguo parecia emanar de la estancia, apenas abrí la puerta una ráfaga de viento salió a saludarme y el olor a viejo se hizo más fuerte, el piso era de madera al igual que sus paredes, me puse a recorrer la casa y a tratar de ventilarla: durante mi recorrido observe que conservaba cinco habitaciones en el primer piso incluyendo la cocina y una pequeña salita de estar, en el segundo piso había tres habitaciones cuando estuve frente a frente a la primera puerta sentí como si una fuerza extraña me impulsaba a abrirla y cuando lo hice un viento muy tempestivo me envolvió, basto con que cerrara mis ojos unos segundos, para que la habitación desapareciera y me hallara a campo abierto, al principio quede absorta con el paisaje que se extendía ante mi vista: la brisa era cálida, el cielo estaba muy claro y el suelo de un hermoso color turquesa, había un pequeño campo de flores muy perfumadas y por segundos olvide que me hallaba en mi casa, cuando por fin reaccione, habían pasado tres horas desde mi visita, conmocionada cerré la puerta tras de mí, con la convicción de que mañana regresaría.

Pero al otro día por más que lo intentara la puerta no se abría parecía estar cerrada con llave por dentro, ni siquiera el cerrajero pudo abrirla y la idea de destruirla me asustaba más que el perderme en ese hermoso paisaje, entonces, no sé si fue por corazonada me acerque a la segunda puerta, al abrirla un vacío me empujó hacia adentro trabando la puerta tras de mí, intente abrirla pero no pude, temerosa me di la vuelta y me hallé en un altar de una vieja iglesia muy, pero muy antigua, todos los sentimientos que había en mí se juntaron y chocaban en mi cabeza, pero mi curiosidad se atrevió a superarlos y con paso temeroso me dirigí hacia la calle: inmediatamente mi ropa desapareció y un vestido  muy sucio sobre mí, la reemplazaba. La gente del pueblo tenia vestía de igual forma, las calles eran de barro y en vez de autos eran las carretas que estaban por todos lados, las casas se sentían amontonadas  unas con otras, respire hondamente, tratando de contenerme, quise retroceder pero entonces las manos de un muchacho me agarraron la falda.
—Nefrer!!!, hermana!, Ven pronto Papa está enojado!!.

Sin pensarlo dos veces corrí siguiendo al muchacho, era como si algo me impulsara a seguirlo, corrimos por estrechos pasajes de endebles casas que parecían que en cualquier momento iban a derrumbarse, entonces en medio del barro y la basura la hallé, un miedo horrible domino mi cuerpo y me detuve temerosa de entrar, solo quería volver a la iglesia y poder abrir la puerta y regresar a mi mundo, pero cuando el muchacho abrió la puerta unos recuerdos ajenos a mi surgieron en mi memoria, me detuve por un momento el muchacho e empujo hacia el interior de la vivienda, el espacio era reducido cocina y habitación eran una sola, la mesa “familiar” establecía la separación de un ambiente en otro, sentada en una silla cerca del caldero estaba una señora que supuse que sería la  madre de Jean y en la otro un gran hombre, robusto y Rosado que sería mi padre, en una pared había un gran espejo donde puede ver mi rostro, solo tendría unos doce años la mitad de mi edad ahora, pero no pude seguir pensando el gran hombre se levantó de la mesa amenazante:
— cuantas veces te he dicho que no vayas a la iglesia!!!!, Deberías estar ayudándonos en el campo!!!!.
Su figura era imponente parecía un oso de verdad, y su brazo se erguía amenazadoramente sobre mí entonces el muchacho se interpuso y lo miro con odio, aquel hombre se calmó y palmeo la espalda de mi endeble hermano:
—esa es una mirada de hombre!!!—dijo feliz.

Mi madre suspiro aliviada y empezó a  sirvió  la comida, pero lo único en que podía pensar, era en las ganas de irme de allí,  la figura de aquel hombre me tenía temerosa, e me impedía que tratara de escapar, me culpe tantas veces de haber cruzado esa puerta, me culpe de haber ido a ver esa maldita casa, pero por más que tratar de recordar no podía, este lugar me estaba  haciendo olvidarlo todo, me desespere y luche contra mí misma, durante toda la noche... cuando el gallo famélico que teníamos trato de cantar, el hombre al cual llamo padre y el delgado muchacho llamado Jean se habían marchado, muy temprano y mi madre dormitaba en una silla, me levante silenciosamente y corrí hacia La iglesia, por suerte estaba vacía y en medio del altar oculta por un gran arreglo floral esta la puerta hacia mi casa, hacia mi vida verdadera, muy sigilosamente me acerque a abrir la puerta pero aún seguía trabada: la golpeé con puños y patadas hasta cansarme, y me puse a llorar desesperada, la voz del cura se escuchó al fondo y sin pensarlo salí a la calle una vez más, tenía tanto miedo y desesperación que los sonidos, el ruido del ajetreo diario desapareció y podía sentir como mi corazón se agitaba violentamente en mi pecho, mis piernas empezaron a flaquear un sudor frío recorrió mi espalda y solo podía repetirme: ¿Que haré?. ¿Qué haré?.
Fue entonces que aquella mujer que era mi madre, apareció frente a mí y sin decirme nada me tomo de la mano, llevándome fuera del pueblo.
Una vez que las casas desaparecieron colina abajo la mujer soltó de mi mano:
—         desde que volviste de la iglesia, no has sido la de siempre, es más me atrevo a decir que tú no eres mi hija.
Sentí un gran alivio al saber que esa mujer pensaba lo mismo que yo:
—         no sé cómo explicarlo, yo vivo en otro tiempo…y quiero regresar…pero no sé cómo…
Mi madre me miro seriamente y tomo nuevamente de mi brazo, me llevo a la gran iglesia y mientras me dejaba en el altar esperando, fue en busca del padre.

¿Qué diablos voy hacer?, me acusaran de hechicería, no podía pensar en nada mas, fue entonces que entre la oscuridad de los vitriales un caballero de armadura negra apareció, con paso firme y decido camino hacia mí, el terror me poseyó por completo, miraba desesperada a mi alrededor en busca de alguna salida, cuando divise detrás de la cruz de madera una puerta, corrí hacia ella y la puerta se abrió, rápidamente la cerré tras de mi sin mirar, y permanecí así por muchos minutos, pero al no escuchar ningún ruido me atreví a abrirlos y para mi alivio me hallé nuevamente en “mi casa” de campo, baje las escaleras y abrí la puerta principal, para cerciorarme de que era verdad, vi el paisaje tan familiar y respire aliviada.

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