miércoles, abril 01, 2009

El sol en la casita


este cuento lo hize en 20 minutos para un taller que por problemas de dinero, no pude seguir ...




La mañana comenzó inusualmente calurosa, la tía Josefa había estado recibiendo uno a uno a los adormilados niños que llegaban al jardín, de vez en cuando miraba el cielo esperando que alguna nube le indicase que el calor no continuaría pero durante todo el día el termómetro marco unos eternos 35° grados, ni siquiera una leve brisa podía apaciguar los ánimos de los pequeños, que estaban mas inquietos que nunca, José que en sus cinco años nunca había estado tan estresada, trataba en vano de de mantenerlos calmados.

A cada segundo la pequeña salita se asemejaba mas a una olla de presión, la tía José sintiendo que todo su ropa comenzaba a pegarse a su piel decidió poner fin a las clase y sacar a los pobres angelitos a respirar aire fresco bajo la agradable sombra que ofrecía el único árbol que adornaba el patio, mientras los pequeños jugaban alrededor, José decidió relajarse por un momento ; en el pequeño patio, después del árbol lo único con que los niños podían entretenerse era una endeble casita de muñecas, allí José se escondió y de su delantal, de un pequeño bolsillo saco un cigarro, con gran ansia lo prendió; la 1° bocanada de humo hizo que su alma se liberara de las ataduras de su sudoroso cuerpo, se imagino por un segundo la fresca brisa de un ventilador, sin embargo el llanto estrepitoso de un niño la saco de sus ensueños.
Patricio el más revoltoso de sus niños, demostrando lo valiente que era había subido a la rama más alta, de la cual por falta de equilibrio callo sentado al suelo, José con la voz maternal que utiliza en esos casos, tranquilizo al pequeño y al resto de sus compañeros que miraban asustados, fue entonces que una de las niñas empezó a gritar que en la casita de muñecas, el sol se había escondido Josefa volvió la vista y vio como un denso humo comenzaba a formarse, los niños corrían por todos lados llenos de pánico, mientras que las otras tías del jardín intentaban sacar a los niños fuera, José con una manguera sofocaba el fuego en la casita, ninguno de los niños salio herido, pero Josefa nunca pudo volver a fumar.

2 comentarios:

Ronald Adolfo Orellana. dijo...

Yo andaba entre la multitud gris,
y te encontré.
Resplandecía tu color,
te dije: ¡Hola!
Me sonreíste y reconocí tu linda sonrisa;
y empezamos a conversar,
y fue lindo conocerte:
empezar a destejer tu alma,
Conocerte sin conocernos
Nuestro primer encuentro fue una cita premeditada;
preparada a través de siglos y milenios,
porque tu alma y la mía ya se conocían.

MI AMIGA BELETH

cep dijo...

maeztra