martes, abril 03, 2007

2ª parte - Los hijos del Aquilón

2



la lluvia comenzaba a menguar, al mismo tiempo que pequeños rayos furtivos de luz anunciaban la llegada de un nuevo día, los montaraces habían estado descansando en la habitación contigua, esperando en vigilia algún cambio en el estado de la muchacha, de pronto la puerta de la habitación se abrió , parado en el umbral yacía Gridi, secándose las manos:

- he cauterizado todas sus heridas, con medicina y algo de magia, sin embargo muchas de ellas fueron hechas con espadas y flechas envenenadas… y aun así se mantuvo viva._dijo Gridi mientras se recostaba en una silla.

- Es posible que estuviera en una gran batalla._comento Zendall.

- Pero no hay noticias de tales acontecimientos._dijo Aeris.

- Y mas aun lleva una extraña marca en su cuello, por el lado derecho…se parece mucho a una espada._ murmuro Gridi.

- Tengo un mal presentimiento, aquel encuentro con la muchacha no es pura coincidencia…_hablo Edulu.

- ¿Por qué lo dices?._inquirió Zendall.

- Zendall le encontró en aquel bosque prohibido, casi al mismo tiempo que el jinete informaba sobre el reino del norte, me pregunto si acaso ella es parte de todo esto._comento Edulu.

- Lo único seguro es que debemos recolectar la mayor información posible, es factible que se avecine una gran guerra._dijo en tono grave Aeris.



3

“El alma es algo que no puedes destruir”


Había caminado kilómetros de tierra y fango, cansado por la larga batalla y el peso de Beleth en su espalda, ambos habían sobrevivido a la gran batalla de los mil días, pero ella yacía tan débil, que temía que no soportaría el éxodo, era una locura el viaje, atravesar kilómetros de llanuras, valles y grandes montañas, solo para buscar una ciudad que en ningún mapa señalaba y Beleth apenas podía mantenerse conciente, Baltasar continuaba impulsado por la esperanza de encontrar algún pueblo donde poder atender a la muchacha, el valle que se extendía a sus pies estaba plagado de pequeñas elevaciones y alguno que otro cerro isla, el cielo estaba cubierto de amenazadores nubes que lo obligaron a refugiarse en una pequeña cueva.

Recolecto toda clase de hierbas para crear un acolchado lecho donde recostar a la muchacha, una vez hecho esto encendió una fogata y trato de cubrir todas las heridas, de Beleth, con retazos de lo que alguna vez fue su capa, Beleth ardía en fiebre debido a que en su cuerpo había entrado gran cantidad de veneno, pero la muchacha se negaba a morir, y Baltasar trato de aliviarle.

El viento comenzó a soplar de forma tempestiva entre medio de las cuevas creando una suave melodía, Beleth murmuraba en su agonía, mientras el sonido se tornaba más como un susurro, Baltazar se inclino apoyado en su espada y comenzó a rezar:

Protéjanme oh! Señores

Aun no es mi tiempo de partir

El enemigote ha condenado

Pero yo aun sigo aquí

Suplicamos por vuestros

Sed de justicia, amor y templanza

Para que nos des fortaleza y gracia

Para vencer la adversidad

No permitas que el canto del sueño eterno

Susurro fantasmal

Me lleve de este mundo.

Oh! Señores de la luz

Alejad la oscuridad de mí

Por que aun estoy aquí.


…El sol aun no despuntaba pero se podía ver claramente el campo lleno de cadáveres humanos y criaturas parecidas a los humanos esparcidos por todo el lugar, Baltasar permanecía de pie con la vista perdida en algún punto del horizonte, inmóvil ensimismado recordando las ultimas palabras que Gorian le dijo: “el ama no se puede destruir”, habían pasado horas y horas en ese estado hasta que de súbito grito, como si ahora comprendiera lo que acaba de ocurrir, volteo la vista y contemplo los cuerpos inertes, entonces el viento susurro un nombre, con la poca voz que le quedaba empezó a gritar “Beleth”, busco entre medio de los cadáveres, a medida que se sacaba partes de su armadura, para aminorar el peso, fue entonces que la vio de pie, fue una visión etérea: el cabello rojo y largo de Beleth moviéndose al compás del viento, su piel blanca que parecía relucir a pesar de la mugre y sus pequeño ojos pardos, Ella parecía perdida igual que él, aquellos minutos fueron eternos, pero entonces un Homúnculo vestido con una armadura roja apareció detrás de Beleth, Baltasar corrió hacia ella tratando de advertirle, al mimo tiempo que ella veía una sombra a sus pies, rápidamente se voltio y el homúnculo la atravesó con su espada, Beleth callo en seco, al mismo tiempo que Baltasar saltaba encima del homúnculo cortándole la cabeza de un golpe, inmediatamente la recogió entre sus brazos:
- Beleth!!, no te mueras no ahora._gritaba.
- ¿Beleth?..¿Así es como me llamo?._dijo lentamente.
- somos los únicos…hemos despertado al fin._dijo Baltazar
- llevadme…llevadme…a Alquilón._murmuraba cada vez mas débil.
- no, debemos ir al pueblo mas cercano para curar tus heridas, solo debes resistir._decía mientras trataba de tapar la herida con su capa..
- escuchadme, puedo resistir el viaje debes llevarme a Aquilón, me esta llamando._dijo cada vez mas débil.
Baltasar subió a Beleth en sus hombros y emprendió el viaje, el valle era muy extenso y la noche estaba llegando rápidamente, los lobos estaban acechándolos en la oscuridad, seguía su camino por una profunda hondonada, formada por grandes zanjas y barrancos, la oscuridad era absoluta, pero por una extraña razón no quería detenerse, una fuerza dentro de él le daba energías, sin embargo necesitaba detener el flujo de sangre y se detuvo bajo el abrigo de un gran sauce.

Había emprendido el viaje nuevamente, sin medicinas poco era lo que podía hacer salvo limpiar las heridas de Beleth, la subió nuevamente a su espalda esta vez el peso se había aligerado bastante y continuo el trayecto.


4


“El preámbulo del tiempo…”


En tiempos antiguos cuando los primitivos Dioses aun eran necesitados y los humanos errantes les veneraban, bastaba solo un pensamiento para que los árboles crecieran y el céfiro bailara, fue en esa época en que los hombres dominaron la magia, aquella fuerza mística que lo gobierna todo y que es la esencia misma de los dioses, pronto comenzó el la caída de los hombres, estos se dividieron, desconfiaron unos de otros, muchos se creyeron superiores olvidando a sus Dioses.
Por largo tiempo hubo una aparente paz entre los pueblos pues el intercambio de bienes paso hacer la piedra angular de la civilización, aun así la tensión entre las ciudades humanas iba en aumento hasta que estallo la guerra y muchos inocentes murieron bajo el poderío de la magia, entonces el gran dragón de Tamius, con el poder concebido de los dioses, se convirtió en el guardián de la magia, por lo que prohibió su practica, salvo en su reino donde los hechiceros podían ser vigilados y entrenados por el buen camino y por miles de años, la magia fue permitida a un grupo selecto de hombres y Elfos, pero la paz no duro mucho el gran dragón fue asesinado por uno de sus hijos influenciado por Somius el hechicero , se creo un gran caos, tanto hechiceros como dragones lucharon por mucho tiempo en Tamius, y de aquellas terribles batallas muy poco se sabe ya, como termino, nadie lo sabe, lo que aun permanece en las leyendas antiguas, es que los dragones se marcharon y que la tierra de Tamius quedo devastada, el alto castillo donde los hombres aprendía magia se alzaba ahora como un tétrico esqueleto, mucho de los conocimientos se perdió.
De Somius nada se supo hasta nuestros días cuando el rey de Kuzdû en uno de sus viajes trajo consigo a un extraño hombrecillo de piel dorada y ojos tan agudos como una serpiente, aquel desagradable ser se convirtió en su consejero y muy pronto el rey obedecía y actuaba según las ordenes de este hombre quien no era mas ni menos que Somius.

5

Zendal había estado viajando por un largo sendero entre las montañas de Fongril, camino peligroso y conocido por los montaraces, cuando se quiere llegar rápido al norte, por una extraña razón sentía, más bien deseaba visitar Kuzdû y mientras caminaba a paso raudal, por el sendero pedregoso noto que un sombra le seguía, sin cambiar su ritmo, pero con sus sentidos en alto siguió caminado hasta que una curva por el sendero le dio la oportunidad de escabullirse rápidamente y esconderse entre las rocas, fue en ese momento que una figura envuelta en una capa de color pardo apareció en el camino, Zendal se le enfrento con violencia apuntándole su espada a la altura de la cabeza:
- ¡contened vuestra espada!, mi intención no es entablar disputa alguna._dijo el encapuchado.
- ¿Por qué me has estado siguiendo?._dijo Zendal sin apartar su espada.
- tosco montaraz no vengo a lidiar contigo, guarda tu espada y te diré quien soy.
Zendal guardo su espada sin dejar de mirar al encapuchado, quien se revelo ante el montaraz, era un hombre joven de 30 años, de piel aceitunada y de cabellos blancos, casi plateados.
- ¿Qué hace un elfo en tierras lejanas?._dijo Zendal, disimulando su asombro por la belleza del elfo.
- mi nombre es Masoj, elfo de las tierras del sur y al igual que tu, deseo ver la ciudad de Kuzdû.
- las noticias viajan rápido._comento Zendal.
- no tanto como vuestra espada._rió Masoj.
- ¿que es lo que desea vuestra gente de Kuzdû?._pregunto Zendal.
- lo mismo que un montaraz solitario._contesto sonriente Masoj.
- pues si de caza has de hablar, solo lagartijas en el camino hay._comento Zendal.
El elfo saco de su morral un extraño manjar al cual le dio de probar a Zendal, inmediatamente el montaraz se sintió mas ligero y ambos continuaron el viaje.
Una vez que el sendero entre las montañas empezaba a declinar hacia el valle de Islamdris, una espesa vegetación comenzó a surgir, a Zendal le costo trabajo encontrar el sendero, incluso el elfo no podía orientarse, fue entonces que tras unos matorrales, sorprendidos y horrorizados se encontraron con los restos de lo que alguna vez fue un pueblo, los cuerpos en descomposición de los aldeanos llevaban meses en aquella tierra, Masoj saco sus dagas al mismo tiempo que Zendal empuñaba su espada, atravesaron todo el pueblo hasta llegar al río Zirum del cual su cause es desconocido, el puente apenas se sostenía pero los viajeros lo atravesaron sin dudar, en la otra orilla una alfombra de hierbas y malas plantas se entretejían a medida que el primer puesto de vigilancia se alzaba a lo lejos, Zendal y Masoj se acercaron con cautela a un grupo de hombres que camina en procesión hacia el castillo, sin que nadie les notase se integraron al grupo encubiertos pudieron apreciar la podredumbre que emanaba de aquellos viajeros, fue entonces que Zendal se detuvo de pronto, pero el elfo le agarro de un brazo y lo obligo a continuar:
- están muertos…_susurro Zendal.
- y pronto lo estaremos si no disimulas._gruño el elfo.
La caravana se detuvo a la entrada del castillo, de pronto unos guerreros con el rostro cubierto aparecieron frente a ellos y con un golpe las puertas del castillo se abrieron de par en par, el aire expelía a muerte y las cabañas de los aldeanos se alzaban lúgubres, sin señales de vida, los viajeros continuaron su marcha hasta la plaza central del castillo donde un hombrecillo de piel dorada esperaba sentado en un trono de piedra blanca, el único color que contrastaba con lo gris de la ciudadela.
- La habéis encontrado?_dijo el hombrecillo.
- no mi señor_ respondió uno de los hombres.
- ¿Cómo es posible que criaturas como ustedes no hayan podido encontrarla?.

- su rastro llego hacia Tarsos y no pudimos entrar.

- alejaos de mi! Volved a buscarla y no regreséis sin ella.
La caravana dio media vuelta y continuó su marcha lentamente hacia el exterior de la ciudadela, Zendal y Masoj aprovecharon de escabullirse a una de las cabañas, fue entonces que un guerrero de oscura armadura apareció ante el hombrecillo, su aspecto era casi humano pero su piel oscura se asemejaba a un Toro.
- El tiempo se me acaba Gúlfinm , y no me queda mas remedio que enviar a vuestros vástagos en su búsqueda._dijo el hombrecillo.
- no so preocupéis mi lord Somius, la encontrare._dijo con seguridad la criatura.
- Gúlfim, traedme al que sobreviva.-dijo Somius.
Inmediatamente Gulfim convoco a cinco de sus vástagos y marcho así las tierras bajas, mientras tanto Somius se levantaba de su trono sin despegar su vista de una de las cabañas:
- me temo que las visitas están prohibidas!!._grito.
Al mismo tiempo diez soldados oscuros se lanzaban encima de la endeble cabaña, sin embargo el elfo con una extrema rapidez ataca a tres soldados, mientras Zendal alzaba su espada atada con una cuerda hacia la cima de la muralla, al mismo tiempo el elfo embestía con tanta furia que el montaraz se alegro de no haber tenido que luchar contra él, una vez en la cima de la muralla, el elfo ágilmente salto así la cuerda y subió por ella con tal elegancia que Zendal se quedo en maravillado.
Ambos guerreros saltaron desde la muralla hacia el valle del lado oeste de Kuzdû, corrieron rápidamente mientras de lejos se escuchaba el sonido de un cuerno, atravesaron campos de secos maizales hasta caer de golpe sobre una gran depresión allí, vieron con espanto miles de cadáveres putrefactos, taparon sus rostros con sus capas y corrieron lo mas rápido posible.

2 comentarios:

antrosapiens dijo...

está bakan la historia, me gustó bastante.


saludos



pd: llegué aca por tu post frontalweb :P

Eatme.... dijo...

puxa viste q eres seca!!!!!!!!!
deberias escribir un libro estay puro perdiendo el tiempo ò_ó
publica!!!!!!!!!!!